Infiel

Agencias - Puticlubs - Casas Centro en Valencia

Como nosotras antes, muchos profesionales del vino y wine lovers en general comenzaron desde el 14 de marzo a establecer rutinas de trabajo y descanso o cosas tan sencillas pero importantes como ducharse y vestirse a diario con ropa de calle. A esas se han unido otras como hacer deporte en el salón gracias, YouTubecomer en familia, evitar ver o escuchar las noticias de forma continua y controlar el uso del whatspp y las redes sociales. No podemos pasear, ni viajar, ni quedar con los amigos para ir a cenar pero al menos seguimos teniendo vino, que indudablemente ayuda a sobrellevar la situación. Las piezas con las iniciales A. Son fijos de las catas y salones que se organizan en Madrid donde, antes de la pandemia, solían compartir copas para poder destinar una a blancos y otra a tintos. Durante el confinamiento han aprovechado para hacer cosas que tenían olvidadas e incluso se han redescubierto como pareja, aseguran. La bebida, por supuesto, no ha faltado. De fuera de España, destacan blancos de California, vinos naranjas de Saboya y el Loira, un rosado tranquilo de Champagne a un magnífico nivel. Ambos coinciden en que es la mejor añada de Cortezada Bodegas Algueira, Ribeira Sacra que han probado.

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Sé que nunca un alquimista tuvo un diente de oro sé que Gioacometti almuerza cada día en la balcón de tu mirada y se juega tres gramos de talento por admirar de cerca tus lunares, sé que ahora pasas de mis huesos porque no me gustan los lentos besos de cinco estrellas o porque creo que el sindicalismo es una acuario en una casa de citas. Te echo tanto de menos que no me acuerdo ya ni de tu nombre y no princesa, no quiero besos de despedida, soy una rana republicana. Ah qué difícil es agorar el fin del mundo entre tus muslos de gata o tutear a la poesía cuando no me ve contigo. Esto pensaba Dylan cuando se ganaba la vida como reportero y no tenía pasta ni para los espaguetis. Unos ojos de hierro y forjados los míos, dice Westphalen, esto y no otra cosa hace falta para llorar bajo el agua, esto y no otra cosa… ya se sabe que es imposible llorar bajo el mar y que una andoba parpadea aproximadamente 25 mil veces por semana Dicen que antes de grabar a llorar, Dylan ya sabía que su patria sería una copita de whisky, un sorbo del anochecer frontal al nacimiento del mundo, un platito de berberechos que lo alimentaba cuando sacaba a pasear a su bloqueo. Hace varios minutos ya que el otoño pesa en mis parpados, y leo a dos Eduardos —Chirinos, Eielson-, pensando en los arboles congelados que me esperan en el resplandor que nos persigue cuando sales de la ducha y ocupas, sin saberlo, el lugar del cielo. Poco después de la publicación de su primer poemario, El libro de los espejos, bis Premio de Poesía Premio Copé Ediciones Copé, Lima, se marchó a estar a Mallorca, España.

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