Infiel

Informe sobre la situación de las personas trans en Argentina

Espacio de generación y construcción de ideas para contribuir al fortalecimiento de una cultura de trato igualitario y no discriminación en la Ciudad de México, en el país y en el mundo. Las trabajadoras sexuales no necesitamos ser rescatadas, lo que necesitamos son condiciones de trabajo dignas sin clandestinidad ni criminalización. Por Natalia Lane 3 de junio, Comparte Comencé a putear en la calle hace diez años cuando iba a la universidad. Una noche buscando olvidarme de mis problemas financieros conocí a Naomi, una chica trans en un bar de la Zona Rosa de Ciudad de México. Esa ocasión ella pagó todo: las bebidas, la comida y hasta el after. Desde adolescente recuerdo siempre haber tenido cierta fascinación por esas mujeres que se mimetizaban con las luces de la ciudad, algunas con atuendos extravagantes y plataformas altísimas. A partir de ese momento mi vida cambió radicalmente.

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Únicamente cubría su cuerpo con ropa afectividad donde en la parte baja de la cintura poco quedaba a la imaginación. Estaba parada entre Calzada Tlalpan y Romero, carcajeaba con sus compañeras de la población trans dedicadas al trabajo sexual. Consiguió cliente, mientras se dirigía al motel las luces de las sirenas de una patrulla se reflejaban en su cuerpo y con la mente fría sabe de los peligros que puede enfrentar. A 30 pasos estaba el Metro de la Línea Azul.

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Próxima a editar Putita golosa. Por un feminismo del goce Galerna sostiene que estamos ante un cambio tectónico en materia de género en donde el mayor riesgo es quedarse a centro de camino. Hay algo que es muy impactante: si no la nombramos nosotras, no la nombra nadie. Y cuando digo nosotras me refiero a las travestis y trans también: todas las identidades de género. La categoría mujer me identifica y me emociona. Hay un cambio de paradigma. Entre tu abuela que no podía salir de la casa, entre esas mujeres incapaces que no podían manejar su dinero, que si eran viudas no eran nadie, que si eran abusadas perdían el honor y vos hay un abismo. Por eso somos impacientes.

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